«Sé que debo partir y seguir el plan trazado, solo o acompañado.»



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TRAYECTO EN AUTOESTOP GIRONA-TOULOUSE


Al fin volvemos a ser dos, dos amigos unidos por un mismo fin: descubrir, aprender, crecer, sentir cada paso que damos, vivir. Compañeros de viaje, de aventuras, de trabajo, de penurias y alegrías, con quien reír de aquella broma que solo dos amigos tras años de compartir cervezas y horas muertas pueden entender.
La incertidumbre hacia su llegada parece desvanecerse, las recientes noticias sobre su partida acaban por reafirmar el primer pensamiento, ése que hasta ahora sólo me atrevía a imaginar con recelo y inquietud.
Los días a solas pasan deprisa, la vida entre cuatro paredes y maravillosos amigos circunstanciales es tranquila y confortable. Toulouse invita a perderse; ciudad jovial, expresiones familiares entre caras desconocidas —las de los estudiantes que disfrutan de una vida social rica y saludable —. Quizá forjar mi nueva vida aquí no seria difícil. Quizá demasiado fácil para mis expectativas iniciales.



Toulouse aguarda mi llegada ante el ocaso del día, a finales de otoño la noche llega demasiado rápido. Una dirección postal y el teléfono de un amigo ajeno son mis únicos recursos para conseguir alojamiento. La noche parece volver acompañada de la incertidumbre. No hay respuesta telefónica, ahora solo tengo una dirección. Las dudas invaden mi juicio; pernoctar en una gran ciudad suele ser difícil, solo puedo agarrarme a un numero y una calle de unos completos desconocidos con los que no puedo contactar. Decido seguir improvisando. Me presento, desconocen de mí y mi llegada… El amigo no está, pero me acogen como si de un lejano pariente se tratase. Gracias.
Tengo su contacto; después de la tormenta viene la calma, o eso se suele decir… La noche ha sido larga, el alba vislumbra un nuevo día y con él nuevos retos que afrontar. Un café que resultará ser carísimo y el vaivén de los transeúntes un jueves cualquiera, me concede un paréntesis de normalidad. Normalidad basada en el recuerdo de los actos cotidianos de una vida sedentaria en mi ciudad. La mañana se acorta y debo ponerme de nuevo en ruta si aspiro a un mejor cobijo donde sentirme seguro. No hay nada certero, pero aún y así sigo observando con inesperada claridad el segundo pensamiento. El camino sigue obsequiándome sin esperarlo con situaciones agradables que denotan, o así decido interpretarlo yo, que mi rumbo sigue siendo el adecuado.



«¿Dormir sólo en las afueras de Pèzenas?»
Aventura es la palabra que mas veces pasa por mi cabeza, con voz de alguno de mis progenitores en tono de reproche cariñoso: «¿No querías aventura?». Camino hacia alguna parte, es ya medianoche y solo el frontal me permite divisar alguna cosa. Finalmente, encuentro lo que parece ser un bosque o un lugar con arboles mutilados de encanto, barro pegadizo, matorrales espinosos y algún que otro desecho. Me alejo del camino adentrándome en la naturaleza muerta que ofrece un bosque por la noche alumbrado por una linterna hasta que conquisto una pequeña llanura donde establecer mi campamento.
El montaje de la tienda, por primera vez, no ayuda; inmiscuirse en una tienda individual junto a una mochila del tamaño de un jabalí, menos. Lo consigo. La tienda me proporciona una falsa seguridad que solo se perturba por ruidos en penumbra. Me da por pensar. Y pienso…



Pèzenas, Francia, destino inesperado de antemano. Faltan pocos minutos para las nueve de la noche y las calles están vacías, solo un par de comercios de víveres 24h me dan la bienvenida. Encuentro un bar, tienen cerveza y más de cuatro personas. Necesito wifi y, por qué no, una cerveza para celebrar mi llegada a alguna parte. Un chico del bar resulta ser mi primera amistad en este inicio de trayecto. Por primera vez tengo la sensación que el camino me sonríe, que aquí y ahora es donde debía llegar. Entre cervezas consigo evadir la realidad de pasar la primera noche fuera haciendo vivac en un terreno que desconozco y que tengo que explorar de noche y solo. Media noche, ¡Llega la hora!
Tengo esperanzas de llegar a Francia aún cuando el sol ya casi corona el horizonte. A pesar del ajetreo matutino, sigo tranquilo. Avanzo despacio pero a buen ritmo. Se para un camión, ¡mi primer camión! Resulta ir rumbo a Alemania, parece que podré cumplir mi objetivo… El transportista es de Rumanía, le explico con mi peor inglés que me dirijo a Toulouse. Como parece no estar en su ruta, acordamos un punto neutral: Narbonne. Pero mi peor inglés no da sus frutos, o lo que es lo mismo, me he desviado unos 200 Km de mi ruta. Improviso. Consigo parar en alguna parte…



Hoy es el gran día, el despertar ha sido agradable, me dirijo cargado y custodiado por mi madre a recoger a mi compañero de viaje. Llegamos a su casa. La situación es más sentida de lo esperado. Para mi amigo, quien este inicio de viaje le planteaba la necesidad de tomar decisiones muy importantes, parece estar superado por las circunstancias. Después de razonar todo un poco y afrontar la situación, me voy solo, sin temor ni resentimiento, bastante sorprendido y un poco desubicado. En el coche, camino de mi primer punto del trayecto —la entrada a la autopista de Girona—, reflexiono sobre un millón de cosas: sobre el año y medio que llevamos preparando este viaje alrededor del mundo, sobre cómo será eso de viajar solo, sobre cómo estará mi amigo, sobre cómo será pasar la primera noche al raso, sobre si podré llegar a Francia ese mismo día, o no… Pero sobre todo dos pensamientos inundan mis ideas. El primero es: «¿Y ahora que? ¿Realmente se queda? Si no viene ahora que es el momento —yo lo siento así— quizá realmente no vendrá. ¡No!, debo convencerme de que sí lo hará, debo confiar en ello». Por otro lado, el segundo pensamiento que me viene a la mente es: «Sé que debo partir y seguir el plan trazado solo o acompañado, el momento ha llegado y estoy irracionalmente seguro ante mi propio asombro. No hay dudas ni vacilaciones, me siento fuerte y confiado conmigo mismo y esto me da la seguridad para afrontar el reto».


Nota: Si el texto no te ha parecido demasiado coherente prueba a leerlo de abajo arriba. Comienza por el último párrafo y léelos en orden inverso. Los autores de este texto (Two World Nomads) han querido juguetear contigo usando un montaje narrativo diferente. Si, lo sabemos, son unos cabrones :D

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