«A veces no hay mayor desconocido, ni mayor odisea, que el paisaje vecino que a nuestro lado espera.»



Europa (con las Canarias)2

CURIEL, VALLADOLID, ESPAÑA


No todo viaje ha de ser lejano, ni por el hecho de serlo es mejor viaje; existe también el transitar cercano, la expedición local, el breve peregrinaje. Quizá lo próximo, precisamente por estar aquí en su existir constante, se vuelve invisible al ojo que siempre desea aquel más allí que hoy no está al alcance de la mano, y se prefiere la cara extraña, el color raro. Se nos olvida la propia belleza cuando obviamos la hermosura que nos circunda a cada rato, y de tanto querer conocer lo ajeno puede que dejemos desvanecer la cultura en que nacemos. Tal es así, que a veces no hay mayor desconocido, ni mayor odisea, que el paisaje vecino que a nuestro lado espera:
En los soleados llanos de la ancha meseta, a veces mar dorado, otras páramo de tristeza, sumerge sus raíces la cepa que antiguamente embriagaba hasta el éxtasis el espíritu caprichoso de los dioses: la vid.


Vendimia


Esta querida planta, amamantada hija de la Tierra, ofrece su útero abierto en racimos de dulce néctar, alimentados al sol bajo el cobijo alegre de las hojas; y así espera, ruda, paciente, que el cielo se derrame en lágrimas a sus pies para luego elevar este elixir celeste al fruto maduro de su vientre.


Vendimia


Fruto que donando su sangre en sacrificio renacerá como pasto de levaduras; y enterrado en un ataúd de roble gestará la resurrección en su forma más elevada:


Vendimia 2


vestido de copa, el cuerpo rubí del vino, se presenta redondo en la boca, especiado en nariz, cáliz divino; alegre jarabe que enlabia los corazones, agrava las pasiones y aligera las cargas del camino.




Fotografía: David Á. C.

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

+