«Aunque no lo he metido en la maleta esta mañana, el recuerdo también viajará conmigo.»



España

TRAYECTO MÁLAGA-TOLEDO, ESPAÑA



Recuerdo aquellas primeras vacaciones, salíamos del colegio el viernes y de ahí directamente a organizar la caravana. Por aquel entonces, cada Febrero todos mis primos, junto a mis abuelos y algunos de mis tíos, poníamos rumbo a Toledo, donde tenía lugar una gran reunión familiar.
El momento más importante, sin lugar a dudas, era cuando los pequeños nos repartíamos entre los diferentes coches que minutos después comenzarían el viaje. Aquella disputa era crucial, pues se adjudicarían los roles que tendría cada vehículo y dentro de él la posición que se asignaría a cada pasajero. ¡Me pido ventanilla! Así empezaba una negociación que no debía durar más de cinco minutos, el tiempo suficiente para que todos encontráramos el lado bueno y la posición adecuada para las próximas cinco o seis horas.


Me pido ventanilla web2


Durante el camino iba contemplando ensimismado como desaparecían los lugares que acompañaban mi vida diaria para aventurarme en paisajes nuevos cada año, paisajes que iba referenciando y conociendo sobre todo por sus hitos: el mar de olivos, la carretera donde paramos a comer, los molinos de viento, las torres del Alcázar y la Catedral… Todo esto siempre desde mi privilegiada posición con la cabeza pegada a la cristal.
Con el tiempo, analizando aquellas horas de viaje, siento que era ahí donde la ilusión por llegar al destino se hacía más palpable, las expectativas que habíamos alimentado durante las semanas previas se aproximaban, los mayores ansiaban un poco de descanso mientras los más jóvenes teníamos ganas de salir a visitar lugares que en casa solo se veían desde la pantalla del televisor.
El trayecto en coche también nos acercaba a la historia del lugar. La ciudad de las tres culturas se hacía para nosotros tangible a través de las historias y leyendas que mis abuelos nos narraban con el entusiasmo de recorrer los rincones que describía. El «toca estos huesos de tal o cual santo para aprobar todo este año», la construcción de la Catedral, comentarios sobre la Inquisición, anécdotas del Greco o testimonios de la Guerra Civil contada desde la emoción de quienes la sufrieron. Todo esto formaba parte también de las horas que compartíamos en el coche y elaboraba en nosotros un imaginario con el que después recorríamos la ciudad.
Ahora que tengo que emprender de nuevo el trayecto a Toledo me vienen a la cabeza todas esas historias. Aquellos recuerdos forman parte de un único viaje idealizado, el resumen de lo que más me impactó durante todas esas horas de coche. Hoy el recuerdo permanecerá solamente en mi mente y dudo que a alguien le interese; pero aunque no lo he metido en la maleta esta mañana, el recuerdo también viajará conmigo. Hoy viajaré en tren y los que me acompañarán serán completos desconocidos, los cuales, muy probablemente, llevarán su propia música y se aislarán del exterior, como si no importara esa línea que une el punto de salida con el de destino.
Mientras sigo dándole vueltas a esta idea llego al mostrador de venta de billetes: ¿Qué asiento quiero? ¡Yo me pido ventanilla!



Fotografía: Sonouna [1] + Olalla Iglesias Sanchez-Biezma [2]

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