Manifiesto derivásico

Te presentamos nuestra declaración de intenciones, nuestros ideales, nuestro espíritu. Explora la filosofía derivásica y comparte la pasión por viajar.

#1 Cambia de lugar, cambia de ideas

Viaja por viajar, sin excusas, sin motivos. Viaja por el propio hecho de moverte, pues esto ya implica una razón en sí mismo, la del cambio. Piensa que el viaje, el verdadero viaje en su esencia más pura, no es más que un desplazamiento capaz de provocar la transformación de un ser humano a través de su experiencia con el mundo que le rodea. Es decir, trasladarse físicamente para cambiar de forma interna. Como dijo Hyppolyte Taine, viaja por cambiar, pero no simplemente de lugar, sino de ideas.

Camina sin venda en los ojos, no trates de aferrarte ciegamente a tus convicciones allá donde vayas. Cuestiona tus principios y los de tu sociedad, asómate al borde de esos acantilados sociales y personales al igual que el escritor siempre escribe en los márgenes de su ignorancia [1], pues la línea que separa tu Yo anterior de tu Yo futuro está ahí y no es más que una frontera sutil

y efímera que tu mismo has construido a base de prejuicios, miedos e inconsciencia.

Considera el viaje como una manera de cambiar, de crecer, de educarte. Alimenta tu mente en base a la tolerancia y el respeto hacia los demás y sus culturas. Crea tu propio universo a partir de los sitios que visitas; los nuevos pensamientos necesitan nuevos lugares. Empieza a entender que el camino inspira, y si no que le pregunten a Jack Kerouac, Paul Bowles, Paul Theroux, Bruce Chatwin, Juan Goytisolo y muchos otros… nada mejor que iniciar una ruta para sacar de paseo a la cabeza y que esta comience a dar vueltas.

Viaja por viajar, sin excusas, sin motivos. Viaja porque la única razón de tu movimiento sea el cambio.

[1] DELEUZE, G. Différence et répétition. Presse Universitaires de France (Paris), 1968.

#2 Viaja sin rumbo, a la deriva

No planees la ruta, no establezcas un destino previo; buscar ansiosamente una experiencia en el viaje significa perseguir tanto un objetivo que si alguna vez lo alcanzas es muy probable que se quede corto, en parte, porque habrás idealizado tus expectativas. Ten presente que disfrutar es la diferencia entre lo que se espera y lo que sucede, así que ¡relájate y déjate llevar!

Guíate por impulsos, por sensaciones; es sensato determinar ciertos límites por prudencia, pero de ahí a controlar racionalmente cada uno de tus pasos es no dejar lugar a la espontaneidad y la sorpresa. Piensa que la realidad no es la que se muestra en las noticias; nos hacen tener miedo del otro, de lo ajeno, de lo desconocido, pero lo cierto es que la bondad y la generosidad es siempre el

denominador común de la gente que uno encuentra en el camino.

Recuerda de donde vienes pero olvida hacia donde vas; las raíces y los recuerdos son importantes en su justa medida, pero ¿qué más da la siguiente parada?

Viaja sin rumbo, a la deriva, hazte con el presente, exprime todo su jugo y deja que las circunstancias y las situaciones vayan llegando, será una bonita forma de descubrir el mundo tal cual es, o como dijo Henry David Thoreau «de mejorar el momento y de hacerlo plenamente mío; de detenerme en la encrucijada de dos eternidades, el pasado y el futuro, que es precisamente el presente, y vivirlo al máximo».

#3 Camina despacio

Espera un segundo. Respira. No hay prisa. El ansia por conocer más puede hacer que no aprecies lo irrepetible del instante que estás viviendo. Llevas meses o incluso años trabajando para poder estar aquí y ahora, este es tu momento.

Tal vez las piedras del edificio que tienes frente a ti tardaron siglos en ser colocadas en su lugar, o puede que el paisaje que estés contemplando empleara milenios en formarse, no lo condenes tan rápidamente al ostracismo de un archivo digital que probablemente en cuestión de meses caerá en el olvido en cualquier fichero de tu ordenador.

Deja que los momentos cincelen tu memoria poco a poco, visitar lugares a toda velocidad solo te traerá placeres fugaces y momentos superficiales. Respira el aire de la calle, trata de adivinar sus aromas. Siéntate, dibuja, piensa, escribe sobre lo que estás sintiendo. ¿Cuántas veces soñaste con esta experiencia? ¿Cuántos días te quedaste con la mirada perdida pensando como sería ese lugar?

Es curioso, muchos viajeros se pasan las horas imaginando como recorren el mundo y cuando por fin visitan esos lugares solo piensan en llegar al próximo destino. Calma, no aspires a tachar todos los topónimos de tu lista, esto no es una yincana.

Platón decía que la forma superior del ocio era permanecer inmóvil y receptivo al mundo. Precisamente en la experiencia, en la vivencia, esta la quintaesencia del descubrimiento que supone viajar, y estos conceptos no entienden de horas, minutos y segundos. Disfruta lentamente, guarda la cámara y mira a través de tus ojos. No mates el tiempo, créalo.

En palabras de Carl Honoré: «Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir. Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.» Lo que el tiempo lento nos ofrece al viajar es intensidad. Sin embargo, lo único que nos da la velocidad es inmediatez.

Camina despacio.

#4 Carga poco equipaje, simplifica

¿Qué tal si pones a prueba tu apego hacia los objetos? Prepara la mochila y mide tu dependencia a lo material. ¿De cuánto podrías desprenderte? o mejor, ¿qué cosas son verdaderamente imprescindibles para desplazarte por el mundo?

Lo esencial es simple, no necesitas mucho para emprender tu camino. Piensa en la mochila como el mejor filtro de tus posesiones: si física o psicológicamente ocupa demasiado espacio, pesa en exceso, o su pérdida supone una gran preocupación, entonces seguramente se trate de algo totalmente prescindible. Con algo para comer, vestir y dormir, será suficiente en tu día a día.

Empieza a convencerte de que es mucho más sabio poseer momentos que cosas; el mejor entretenimiento que puede existir en tu viaje no es una tablet o la conexión WiFi de un hotel, está ahí afuera y se llama mundo.

Intenta no adquirir un souvenir por cada ciudad que pises malgastando tu dinero y atiborrando tu mochila con cachivaches impregnados de tópicos; el mayor recuerdo que te puedes llevar de un lugar será el que se te grabe a fuego en la mente.

No te olvides de dejar en casa los prejuicios y las convicciones, tanto las que tienes hacia los demás como las que también ostentas sobre ti mismo; esto pesa más que cualquier otra cosa.

Viaja ligero, revisa tus necesidades y sé consciente de cuáles son realmente esenciales; cada viajero tendrá las suyas pero todos podemos simplificar… Despójate de pesos y responsabilidades inútiles y empieza a ganar libertad de movimiento, de acción, de comportamiento. Carga poco equipaje y mídete por lo que eres y no por lo que tienes.

#5 Be local, my friend

No permitas que tu guía de viaje sea tu guía en el viaje; la información contenida en esas páginas será práctica cuando te pierdas en la traducción, pero no dejes que sea ella quien marque los hitos de tu travesía.

Intenta ver la realidad con tus propios ojos, observa la vida que llevan día a día las personas que ahora te rodean. Esas gentes cuya lengua te es desconocida y sus costumbres parecen aparentemente incomprensibles son los que encierran la verdadera esencia del lugar que estás pisando. Son ellos los padres e hijos de esa cultura exótica que te ha atraído hasta ese rincón.

Trasciende tus convicciones para conocer la realidad, será uno de los momentos más gratificantes de tu experiencia.

Olvida tu desayuno favorito o las ganas de una cerveza fría y no busques el amparo de tu cultura nativa a cada momento, descubrirás que es una actitud sostenible, respetuosa e inteligente para el bolsillo.

Disuélvete. Prueba esas frutas y comidas desconocidas de aspecto extraño que ves por todas partes. Entra en ese templo pequeño y abarrotado del barrio humilde. Esquiva la furgoneta turística y súbete al autobús. Observa cómo se desplazan, comen y viven los habitantes de un lugar e imítalos, solo así podrás saborear la auténtica esencia del sitio en el que te encuentras.

Do what locals do. Allá donde fueres, haz lo que vieres.