«En la última ciudad libre puedes caer y no salir nunca, porque no hay nada que te impida lo contrario. Puedes ser quien tú quieras, o no ser nadie, pero siempre ser bienvenida.»



Estados-Unidos

SLAB CITY, CALIFORNIA, ESTADOS UNIDOS



A veces simplemente no vas a poder explicar ni transmitir cómo es un lugar que has vivido.

Desde que comencé este gran viaje siento que me faltan más palabras que nunca para describir lo que sucede, y soy capaz de ver con más claridad cómo las fotos sólo captan una milésima parte de la realidad que tienes delante de ti. Quizás porque muchas veces la atmósfera de ese lugar trasciende lo real, lo tangible, y sólo estando ahí puedes saborearlo. Slab City es uno de esos lugares. Es la armonización del desierto, los colores, el arte y la libertad.

En la última ciudad libre puedes caer y no salir nunca, porque no hay nada que te impida lo contrario. Puedes ser quien tú quieras, o no ser nadie, pero siempre ser bienvenida. La libertad se respira de principio a fin y se representa en las más diversas formas, desde la más pura hasta la más visceral, empezando por su lado más dulce y volviéndose más crudo a medida que profundizas.
A sus puertas, un oasis psicodélico en medio del desierto te la bienvenida. ¿Qué serías capaz de hacer por devoción? Al arte, a una causa, a una creencia… Fue lo primero que me pregunté al ver Salvation Mountain. Su creador entregó décadas de su vida a construir esta montaña. Cansado de intentar comprender las contradicciones y complejidades de la religión, formó su propia idea de Dios y materializó su mensaje en este monumento.



No era artista, ni arquitecto o escultor, pero hizo posible su proyecto día a día.

Entonces pienso en la cantidad de veces que me freno porque me miro y no veo las etiquetas adecuadas pegadas en mi frente. No soy fotógrafa, me digo. No soy escritora, me repito. Y esas frases se convierten en mantras que en ocasiones frenan mis posibilidades.

No soy capaz de imaginar este trozo de tierra antes del monumento. Tampoco puedo visualizar la evolución, día a día, de esta montaña. Sólo veo el final, el resultado de años de trabajo y cariño.
Sí puedo ver sin embargo sus manos manchadas de pintura, o su frente empapada en sudor bajo el sol. Quizás ni siquiera él sabía cómo acabaría, pero tenía claro por qué lo hacía, tenía un norte.
Entonces pienso en la cantidad de veces que paro por no ver el final, o por confundir mis intenciones y motivos. Entonces pienso que quizás es sólo cuestión de construir día a día, poco a poco. Y entonces veo todo el tiempo que perdí cuando paraba de hacer algo que me amo hacer, creyendo precisamente que la pérdida de tiempo era continuar.
Y esto sólo fue el principio.

Las calles imaginarias de Slab City te enredan a pesar de encontrarte en un espacio completamente abierto. No hay paredes que interfieran con la mirada. Todo corre, vive y respira a sus anchas en este lugar.
Jack nos regala su tiempo y su voz para ayudarnos a comprender mejor esta ciudad, pero sigo y seguiré sin poder explicarlo. ¿Cómo podría yo trasladarte a un lugar donde las personas crean por amor, sin miedo y con tanta efusión?

Pasea por East Jesus y entenderás lo que digo, es el colmo de lo inabarcable. Podrías girar sobre ti misma una y otra vez y te habrás perdido miles de detalles. Adoro esa angustia, ese agobio que me produce el querer abrazar con los sentidos todo lo que me rodea y no lograrlo. Abrir los ojos y suspirar de asombro cada cinco segundos, sonreír al ver tanta genialidad y transgresión despreocupada, tan concentradas y mezcladas en un solo lugar, en este puntito del desierto, del planeta.

Éstos son los descubrimientos que me hacen sentir que todo esto vale la pena, los que me atraviesan a tantos niveles y me exigen tanta atención.



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