«Dado que una gran mayoría veía nuestra vida familiar tan ideal, han sido muchas las explicaciones que he tenido que dar.»



Vietnam

ESTA HISTORIA RESUME AÑOS EN GUINEA ECUATORIAL,
ALBUQUERQUE (NUEVO MÉXICO) Y VIETNAM


Pienso que uno nace nómada, viajero, pero que en realidad no tienes por qué descubrirlo desde el principio. En mi caso ese gusanito siempre estuvo ahí, despertó cuando yo tenía diez años, cuando en septiembre del 1988 me bajé de un avión en África.
A la vuelta de aquella aventura —que duró cuatro años—, el gusanito entró en letargo de nuevo durante mucho tiempo, avivándose solo con pequeños despertares de veranos en Inglaterra o Irlanda, con la experiencia de ser Erasmus durante un año en Alemania, o con pequeñas dosis de grandes viajes cercanos.
Durante años viví una vida normal dentro de mi círculo de confianza, entrando en la espiral de vida cotidiana, marido funcionario, hipoteca, contrato indefinido, embarazos, niños… demasiados factores de riesgo para la vida del gusanito. Todo parecía ponerse en su contra.
Pero en 2011 una llamada volvió a despertarlo… y ojalá nunca más se duerma.
Desde entonces, dado que una gran mayoría veía nuestra vida familiar tan ideal, han sido muchas las explicaciones que he tenido que dar, han sido muchas las caras de pena que me han dedicado —creo que casi siempre por la coincidencia en el tiempo de la crisis y el despertar del gusanito—, por eso decidí escribir este pequeño post, para que quién no me conozca en realidad que no se preocupe ni por mí ni por mi familia.
Esta es una opción de vida como otra cualquiera, donde lejos de pasar penurias vivimos aventuras día a día, superamos retos y barreras que nos hacen sentir vivos, conocemos a gente con historias increíbles, vemos crecer felices a nuestros hijos, conseguimos trabajos que nunca imaginamos, nos divertimos, lloramos, y en definitiva, vivimos una vida con el objetivo claro de todas las vidas: ser felices.


Siempre tendrán alas - Lidia Gallardo


Quizás la gente seguirá pensando por qué no pongo el huevo, o que nunca encontraré mi lugar en el mundo, pero es que mi lugar es el mismo mundo.
Quizás tengan razón, no lo sé, quizás mis hijos nunca tengan raíces…pero siempre tendrán alas.



Fotografía: Lidia Gallardo

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