«Era un regalo a mis cinco sentidos, un descanso a mi mente. Era un viaje a mis adentros.»



España

RUTA PAMPLONA-LEÓN, CAMINO DE SANTIAGO, ESPAÑA



Un domingo cualquiera del mes de mayo. Eran las seis de la mañana y lo que podría haber sido un bello amanecer bajo el silencio de una ciudad aún dormida, quedó manchado por la suciedad de sus calles, las cuales habían sido invadidas la noche anterior por cientos de personas con ansias de fiesta y bullicio. Con mi mochila a cuestas fui esquivando botellas, latas y algún comentario de aquellos que ya vagamente podían articular palabra, para salir de aquel triste escenario de fin de semana en dirección hacia no sabía muy bien dónde.
Caminaba sola, llevaba todo mi dinero encima y lo único que había decidido es que me dirigía a Santiago, otra vez. No tenía prisa y nada ni nadie me esperaba en ningún lugar. Todo mi propósito era vivir, con todo lo que ello conllevaba. Mi equipaje no pesaba más de siete kilos y, por si acaso, llevaba el pasaporte. Estaba abierta a posibilidades infinitas, acababa de regresar de un país donde el concepto de libertad, en todos sus sentidos, dejaba mucho que desear, así que ese era el propósito de aquellos días, semanas, meses o años: sentirme libre.


Camino Santiago


Comencé por no planear nada. Los primeros rayos de sol que aparecían con el alba y el canto de los pájaros me invitaban a desperezarme y a salir cada mañana de todas esas camas que eran ajenas a mí. Dormía con la ropa limpia con la que saldría a la mañana siguiente, por lo que atarme las botas y lavarme la cara con agua fría era todo lo que necesitaba para seguir mi camino. Disfrutaba de cada paso, interiorizando cada bocanada de aire fresco, regocijándome en cada paisaje puro y vivo. Era un regalo a mis cinco sentidos, un descanso a mi mente. Era un viaje a mis adentros.
Tras varias semanas y a mitad de camino, un buen día decidí que era momento de volver a casa, de volver a empezar. No llegué a Santiago, pero eso no importaba; tras recorrer aquellos cuatrocientos kilómetros había encontrado justo lo que iba buscando: descubrí la libertad en su máximo esplendor, hice del camino mi vida, y viajar y vivir se convirtieron en la misma cosa. Y una vez obtenemos lo que añoramos, no vale la pena caminar sin propósito, pues el trayecto no es por el destino, sino por el aprendizaje.



Fotografía: Louis Vest [1,2]

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