«Queda menos de una hora para llegar a Madrid y me apresuro a escribir estas líneas con un cierto sabor a despedida; como si me mirase al espejo y me estuviera diciendo adiós ante una inminente muerte.»



Algún lugar entre Seúl y Madridr

ATRAVESANDO LOS PIRINEOS TRAS UN LARGO VIAJE
POR EL SUDESTE ASIÁTICO Y COREA DEL SUR



Tardaré tiempo en digerirlo todo. Tras medio año recorriendo lugares y coleccionando experiencias la partida parece concluir aquí. Queda menos de una hora para llegar a Madrid y me apresuro a escribir estas líneas con un cierto sabor a despedida; como si me mirase al espejo y me estuviera diciendo adiós ante una inminente muerte, como si algo me dijera que al pisar tierra ese ‘YO’ que ha vivido todos estos meses fuera a esconderse en algún rincón de mis profundidades.
Lo cierto es que cuando regrese a mi rutina iré filtrando lentamente todos esos recuerdos acumulados en un largo proceso de decantación. Con el paso de los días, mi mente irá borrando los detalles, y las pinceladas inicialmente tan figurativas irán dando paso y forma a un cuadro impresionista donde todo se tornará borroso, algo abstracto y con una cierta esencia temática sustancial, imprecisa y fortuita.
Mi memoria irá escogiendo momentos e instantes sin saber muy bien el por qué de ese mecanismo de selección natural. Tal vez un olor, una frase, un sonido, probablemente una foto, e inexplicablemente una tarde o un día de escasa importancia. Mis recuerdos empezarán a ser impredecibles y potencialmente asesinados por su mayor enemigo, ¡Saturno! Ese viejo estúpido y eterno que poco a poco devorará y adulterará mi nostalgia a imagen y semejanza de una perfección falsa e idealizada. Así, todas las imágenes que permanezcan vivas en mi cabeza no serán más que una mentira a voces que nunca podré negar porque yo mismo las habré creado con la inestimable colaboración del tiempo. La persona que fui durante estos seis meses de viaje terminará por convertirse en un mito donde será imposible discernir la realidad de la ilusión, lo vivido de lo inventado; confirmando lamentablemente aquella frase de Tarkovski que decía que «las cosas no son como en realidad fueron, sino como se las recuerda».


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Pienso en todas las caras que he conocido, todas esas puestas de sol que me han extasiado, todos los sabores que mi lengua ha experimentado, trato de hacerles un hueco en mi mente pero no cabe tanto en tan absurda piel, no hay suficiente espacio para contener tantísimas sensaciones. Ha sido todo tan intenso que el hecho de que algún día la historia esté tergiversada me jode tremendamente. Entonces será agua resbalándose entre los dedos, aire desplazándose a través de una jaula, un proceso imposible de interrumpir…
La lucecita de mi asiento se ha encendido y parece que toca abrocharse el cinturón de seguridad, en breve el avión estará aterrizando en Barajas y el tiempo se está agotando. Solo quiero que sepas que te echaré de menos, que fue un gustazo conocerte y que espero que tengas un buen viaje al interior de mi olvido.
Hasta siempre.



 Fotografía:   Pedro G. Sáez [1] + David Montes [2]

Comentarios

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  1. jordi (milviatges)

    Ciertamente cuando llega el final de un viaje suele ser el momento de reflexionar y digerir las cientos de experiencias vividas. Buena reflexión viajera.

  2. Ameseros Viajeros

    Alucinante el post, me ha dejado sin respiración! Genial todo lo que cuentas, triste aunque muy cierto. Esperamos saber más y más sobre este largo viaje de 6 meses por Asia, a ver si al menos escribiendo todo todo los recuerdos no se van tan fácilmente :) Bonita foto, por cierto. Un saludo!

  3. Fernanda

    Veo mucho de “adioses” en la reflexión, pero quien sabe… En muchos lugares de Asia creen en los ciclos, en cerrar un ciclo y comenzar con uno nuevo. Tal vez haya llegado la hora de cerrar el ciclo asiático y comenzar con otro. ¿Otro ciclo asiático, uno europeo, uno de sentarse a reflexionar -ciclo de ermitaño tal vez- pero necesario para el espíritu?.